lunes, 3 de agosto de 2009

breath

There's a part of me in chaos that's quiet
And there's a part of you that wants me to riot
Everybody needs to cry or needs to spit
Every sweet-tooth needs just a little hit
Every beauty needs to go out with an idiot
How can you stand next to the truth and not see it?
Change of heart comes slow..

It's not a hill it's a mountain
As you start out the climb
Do you believe me or are you doubting?
We're gonna make it all the way to the light
But I know I'll go crazy if I don't go crazy tonight

dearest U2

jueves, 30 de julio de 2009

looking glass

and then one night
the shattered pieces
stick together
into a shiny mirror

is that me
looking through
with a smile?

the unexpected
the uncanny
just happens,
tonight

martes, 28 de julio de 2009

footprints

from this high
the beach looks golden
in the morning glow

there's the gull
there's the starfish
there's me

lying flat
on my back
eyes wide open
staring at the sun
within

there's no beach
there's no morning
there's no trace of me
but in the sky

Naturalezas

Lo pensaba como un hombre de arena. El mar llegaba en cada ola a darle forma a sus pies, a sus manos, a su torso. Un hombre de arena con corazón de agua de mar. Su sangre tendría entonces un alto grado de iodo y sus labios un extraño sabor a sal. Su hombre de arena tendría la calidez del mar: al alba, estaría todavía lunar, plateado y enigmático; con el amanecer, se desperezaría las mareas de la noche esperando que una vez alto el sol, pudiese recobrar la firmeza de la playa; al mediodía, se sentiría confiado, con un brillo dorado, que luego perdería al crepúsculo, para volverse circunspecto, y cauto aun, a la noche. Su hombre de arena tenía dos grandes temores: que el viento lo soplara y lo volviera partículas de roca y caracol, y que el tiempo lo creyera reloj e hiciera correr veloz sus granos uno a uno. Lo pensaba como una estrella de mar arrojada en la playa del mundo. No dejaba huellas en la arena y caminaba solo, junto al mar, hacia un norte que a veces confundía.

Dice que se va a caminar. Ok, y está bien si quiere ir solo. Y se lleva el iPod –porque incluso los hombres de arena rehúyen de tanto en tanto el sonoro gorgoteo del mar. Que él fuera un hombre de arena, ¿la convertiría a ella en una mujer de arena también? Seguro si estaban juntos era porque compartían una naturaleza, una forma de habitar la tierra y de ser en la vida. Ella había existido por su lado hasta conocerlo, como él había existido por su lado hasta conocerla. Ahora la arena los unía, pensaba. Él podía caminarla, y ella podía simplemente recostarse y sentirla abrigando sus pies. Así, los pies de ambos estaban unidos, y donde él iba, ella no, pero sí.

El libro entre sus manos es de papel y tinta. Lo ve, lo mira, lo lee, lo escribe. Yo me quedo a leer, andá si querés. Y entonces él va, y entonces ella se queda. Pero no lee y en cambio, piensa en la arena, que se sentirá suave y cómoda bajos los pasos de él. A veces se sentirá mojada, y otras, seca y caliente. Podría haberlo acompañado, pero él es un hombre de arena y ella, ella, es una mujer de mar, piensa ahora.

Porque ella fluye entre el espacio delimitado por la cuenca marina y el cielo. Y cuando la tierra gira, y el mar queda boca abajo, hasta logra sumergirse en las nubes y llenar su agua de oxígeno hasta volverse otro elemento distinto, nuevo. Pero ella también tiene sus propios miedos: podría ahogarse si olvidara cuál es la corriente que la devuelve a la playa, o podría desbordarse y convertir los campos y montañas, y aun a su querido hombre de arena, en un océano absoluto. Piensa que por suerte, el corazón de ella es de arena, un contrapeso, y eso le recuerda que él se marchó hace rato ya y que lo echa de menos.

De pronto, la arena entre sus pies no se siente tan cálida y el sol parece consumirse como una vela al viento.

Deja el libro a un lado y mira de norte a sur. La bruma parece velarlo todo. De allí, de donde jugaban unos niños, ahora sólo le llega un eco de risas otrora cantarinas. Donde estaban los pescadores ahora sólo hay un penetrante olor a carnada. La música del parador se ensordece con el estruendo del oleaje que, ahora, de pronto, la arrastra de los pies, reclamándola.

Ella resiste aferrándose a los zapatos que dejara su hombre de arena. Y justo antes de desaparecer bajo la ola más grande, él se echa a su lado, rodeándola por la cintura con un brazo fuerte y velludo, y le besa la espalda.

Llegué, corazón, ¿qué leés?, le dice mientras el mar retrocede y ella todavía jadeante, le apaga el iPod y le devuelve un dulce beso de sal.

martes, 2 de junio de 2009

the world within

there's a world within that
oh so often
falls out of step with the world without
although they do come to walk together at times
about a nowhereland

this is me today
standing all alone in this wasteland
wondering about the wonders experienced
wandering about the backstreets of a lost land

there's a sweet sadness
in goodbye
there's a ray of light somwhere
out of my blind sight

I look for it
but oh
this world within
has its sky covered
with dead stars